martes, 16 de mayo de 2017

ON THE CAMINO. FIRST.

El 2017 empezó hace un tiempo, durante ese tiempo han ocurrido una serie de maravillas que ni en mis sueños podía imaginar.

Dan para varias entradas, pero no me gusta cansar y mis musas me tiene distraído jugando al Animal crossing (cruising no, Crossing). El tardar es por pura pereza, no lo puedo negar, así que olvidad lo de las musas.

 Una de las maravillas es que haré el camino de Santiago. Puede ser que cuando publique la entrada esté de vuelta ¿Quién sabe? pero hacerlo, lo haré.

 Os voy a contar el porqué de este camino iniciático. He de decir que hacerlo me interesaba lo justo, por no decir nada. Hay una forma de decirlo, bastante ordinaria, pero no voy a reflejarla por escrito, mi decoro y mi saber estar me lo impide, menos aun después de ser el presentador de un evento maravilloso que se hizo hace unas semanas.

Estar caminando con zapatillas trekking, que aunque me gustan, que no pegan con nada, ampollas en los pies, durmiendo en literas con 80 personas que roncan y se tiran pedos tampoco es mi ideal de viaje perfecto. Tengo que decir que yo soy un tractor John Deere cuando duermo, pero como no me oigo, pues no me preocupa lo más mínimo. Pero oír roncar me desestabiliza mogollón.

Os relataré mi primera experiencia en dormir en habitación compartida. De esas que hay muchas personas y que aparecen en mitad de la fría y oscura noche.

Últimamente cada que vez que salgo lo hago con él, mi Querido Amigo es alto como una pica y gracioso como el solo. Nuestro destino fue Valencia, maravillosa ciudad, algo exagerada, pero fantástica. Decidimos hacer un fin de semana estilo universitario, os tengo que decir que tenemos una cintura muy teenager. 

Pues eso, que nos fuimos a un hostal en una habitación compartida, con 12 creo. No soy de los que se deja llevar, pero en nada. Pero aquí intente no ser Virgo y dejarme llevar por mi Ascendente, Capricornio.

El día paso de la forma más genial posible, recorrimos lugares, tiendas, hasta la Albufera fuimos. No nos quedó nada, bueno alguna visita nos dejamos por hacer, tengo que tener excusas para volver.

Llegamos al Hostal así como a las 01:30. Al abrir la habitación hizo regresar a mi signo zodiacal. 6 literas, amontonadas, una ventana abierta de par en par. Lo que no sudé en todo el día, lo hice en segundos. Fui veloz a cogerme la cama de arriba de la litera, tengo la manía que el que se acuesta abajo queda aplastado si ocurre un terremoto grado 5.6 escala Richter. Q.A. te quiero mucho pero aún me quedan sueños que realizar.

Estaba tumbado y no veía la hora de coger el sueño. Me había tomado un comprimido pequeñito, pero matón, y no hacía ni el más mínimo efecto. Miraba a mi Q.A dormir a pierna suelta y me entraban ganas de aplastarle, porque me costaba a mi dormir y a él nada. ¿Me los sabrás perdonar?


03:00 entra en la habitación una sombra. Es menuda, en principio un hombre. Viene derecho a mi litera y empieza a tocar las mantas. Me incorporo de forma inmediata estilo Vampiro, le digo en tono elegante y directo: ¿Quiere algo Usted?  Él me contesta con acento árabe: ¿esta es mi cama?... me emerge el sudor de ipsofacto, le digo que, como bien ve, NO. Se aleja con un perdón y mascullando unas palabras que no pude entender, no se árabe, qué se le va a hacer.

Me tapé hasta la nariz. Y como tenía visión nocturna, como un X-men, me quede embobado mirando a mi nuevo compañero de habitación. El clima de tensión que vivimos con nuestros vecinos de abajo del Mediterráneo no es muy bueno. Los que somos creativos y miedosos no nos viene muy bien ese ambiente hostil.

Pues eso, que me quedo mirando a ver lo que hacía. De repente sube a la litera y lleva una mochila. ¡¡¡UNA MOCHILA!!!. Mis terrores materializados como por arte de magia. 

De repente empieza a hacer genuflexiones. No estoy nada puesto en el Islam, pero ni era la dirección de la Meca ni era las horas para hacer rezos.Me asaltan unas visiones: abriendo el noticiero de A3, T5, 6 y demas cadenas de TV. 

Con el brazo intento alertar a Q.A. Le relato en voz baja y temblorosa lo que había ocurrido y me hace aspavientos. Dudo quién se tomó al final el comprimido si Q.A. o yo. 

Sigo en mi intento de querer despertarlo para que hagamos de héroes. Bueno el de Héroe, yo salir cortando. Pero mi gozo en un pozo, Q.A. me dice que como siga con mis delirios me degüella Él.

No me quedo muy tranquilo. Pero no quiero cabrear a Q.A... Al final vuelvo a despertarlo, no puede ser mi final así, con un: Ala es grande, que estoy seguro que lo es. No puede ser así el final de un chico que ha perdido 20 kilos en 4 meses.

Q.A abre los ojos, me mira, con una intensidad tan grande que no hizo falta más que decir. Me dio más miedo sus pupilas encendidas que un machete. Meto el brazo bajo las mantas baratas con olor a alcanfor e intento relajarme. De repente empieza a roncar mi compañero de habitación, inexplicablemente me relajo y me asaltan los remordimientos.

Mirando al nuevo roncador pienso que el miedo se ha instaurado en nuestra sociedad, parte de ese miedo lo tienen las altas esferas. Miedo a casi todo, pero sobre todo miedo a nuestros semejantes. Es muy triste prejuzgar, como lo he hecho, a un chico que venía de…de donde fuera. Venía a descansar y tenía la necesidad de rezar a su Dios. 

El temor adquirido de forma gratuita, me hizo ver un terrorista en potencia. Una mala persona en un inocente. Me enfado conmigo mismo por tener esa actitud. 

Al día siguiente le deseé unos buenos días a mi compañero, mirándole a los ojos. Creo que me entendió, ya que me sonrió, pero de una forma especial. Salí de la habitación emocionado y avergonzado.

Desayunando con Q.A. me dijo que o acabo con mis prejuicios y pavores o me los quita a base de Ostias. Otra noche así y no te hablo en el resto de mi vida, me dijo. Acto seguido me da un abrazo y me dice que no lo haría nunca, dejarme de hablar, claro por que Ostias nos damos cada vez que nos vemos.

 Me propone que hagamos el camino de Santiago, eso sí 5 días. Que con esos 5 días parte de mis miedos infundados se irán. De forma inmediata accedo, sin pensar. Hacer el camino se hizo atractivo en un pluff.

No se cómo me ira, mi actitud es positiva y los calcetines son anti rozaduras. Voy con la mente abierta y unos bastones que me deja Lou. Intentaré no matar a nadie que me diga Buen Camino. Llevaré un tableta de comprimidos pequeños y los prejuicios se irán a tomar viento.

Esta es la primera parte de la entrada "On the Camino" , primera de algunas más. Q.A. dice que debo escribir más. "Escribir espanta tus fantasmas, Antoñico" me dice. 

He  visto por Google maps que en mi primer trozo de camino hay un mega puente larguísimo con un río enorme… voy a empezar a escribir sobre ese puente ya.










miércoles, 21 de septiembre de 2016

Forty and Fabulous

Oficialmente soy un cuarentón y solo desde hace unos días, que conste.

He pasado la barrera y no he sentido ningún campo de energía envejecedora ni decrepitud instantánea. Ni dolores mañaneros tengo.

Pero  que he sentido que la vida sigue igual que antes, con cambios”, pero igual que cuando tenía 38, por ejemplo. El sol sigue saliendo por la basílica de la Fuensanta y se esconde por el hospital de la Arrixaca(ciudad sanitaria).

Los cambios antes nombrados son que mi cumple lo celebré a casi 800 kilómetros de aquí, en una zona maravillosa con 3 personas igual -bueno igual no- muchísimo más excelentes. La zona se llama Las Landas y se encuentra en el sur de Francia. Es un sistema de dunas y manglares, precioso es poco. Una pareja amiga mía, referente en mi vida al cien por cien, me invitaron a su “móvil home” en un camping lleno de surferos y silencio.

Fue como un regalo divino. Brindar por el cuatro y un cero  rodeado de tres y yo.

El día 5 salí a pasear para ver la puesta de sol. Fui solo ya que necesitaba interiorizar mucho de cuanto me ocurría. Al llegar a la duna se oía el mar con intensidad de marejada y de fondo, un clarinete. Lo que leéis, un clarinete. No  si era Mozart lo que oía, solo  que me enamoró escuchar esa pieza y no sabía de donde salía. Conforme subía la duna la mezcla de sonidos era de una belleza tan extraña como atractiva. 

Dicha zona estaba llena de búnkeres de la Segunda Guerra Mundial y en una ventana de dicho refugio estaba un chico joven tocando el clarinete. Él no me había visto y decidí que así siguiera, o por lo menos hasta que se cansara de tocar.

Hacía mucho que no lloraba de alegría, y ese momento ocurrió. Después de este año tan extraño, la vida me regalaba este instante hermoso: música en directo de un clarinete con el rumor de las olas y el marco más bonito que pueda imaginar. 

Cuando acabó de tocar la pieza tuve la necesidad de felicitarlo, aun sabiendo que sería o francés o belga u holandés. Le dije en modo indio: “me gustar como tu tocar clarinet” (no sé por qué omití la “E”) a lo que él contestó en un castellano soriano "muchas gracias", que donde era y la alegría inmensa de encontrar un español. 

La vista se me iluminó. Empezamos a conversar, si queridos, solo conversar y eso que era muy guapo.

Sergio, que es como se llama, iba camino a Burdeos desde Soria a la vendimia, en bicicleta. Decía que su pueblo lo ahogaba y necesitaba ver mundo, trabajar fuera. Y como casi no tenía recursos, se iba en bici. Llevaba 6 días pedaleando y pasó por aquí, se enamoró de este rincón y como llevaba el clarinete (me replanteé qué llevaría más en esa mochila) decidió tocar lo que su corazón sentía. Esa conversación me removió entero. Pero de un modo terremoto de Japón, con su consecuente en Fukushima.
No era porque tenía un cuerpo apolíneo, si no por su valentía al afrontar sus miedos y arrojarlos al primer contenedor que encuentre.

Estaba pedaleando y durmiendo al raso, persiguiendo un sueño, trabajar en una vendimia en Burdeos y tocar música cuando el paisaje el enamorara. Casi todo lo opuesto a .

Al despedirme le deseé la mejor de las suertes

Me dispuse a sentarme a ver el “sunset”,  un momento mágico que borra todo lo malo que te haya ocurrido en el día

Los miedos habían marcado casi toda mi vida, miedo a las alturas, miedo a lo que dirán de , miedo a hacer el ridículo, miedo a volar y un sinfín que me impiden ser feliz. Uno de los miedos más potentes es sentirme solo. Me cohibían y me dejaban al margen de casi todo.

Sentado en la posición de loto, con el ruido de las olas gigantes y el color naranja del cielo me percate que durante 40 años no había dejado fluir a mi verdadero yo. No había viajado más porque me daba miedo quedarme sin dinero, no cruzaba puentes por miedo a tirarme por la baranda, no volaba en avión porque pensaba en el 11S.  

Cuarenta años poniéndome barreras. Me consolaba diciendo que podría algún día superar toda esa vorágine. 

Que verbo más feo, "podría" es igual que nada. No deberíamos conjugarlo nunca. Por lo menos yo no voy a hacerlo de aquí en adelante.

Así me despedí del día 5 y el 6 amaneció y lo hizo con un brillo especial. También acompañado de un grito-lloro de Maamaaa de Quim, la ricura de hijo de Ana

Ese día nos fuimos a Biarritz; qué no decir de unas de las ciudades más elegantes que hay en el sur de Francia. Emi y yo nos pateamos toda la ciudad. Preciosa es quedarme corto. 

Nos recomendaron visitar la roca de la virgen. Las beaterías me producen curiosidad y atracciónfuimos derechos. Al llegar al puerto visualice la roca. Se accedía desde una pasarela del puerto. Mis miedos hicieron acto de presencia. El puentecito era de listones de madera y había una altura de 12 metros, debajo un oleaje tremendo. Miedo a nivel de ictus. 

Me paralicé y dije que por ahí no pasaba ni muerto. Entonces es cuando los amigos hacen acto de presencia y recibí un empujón de Emi, junto con el tira pa´alante

Me vino de repente la imagen de Sergio y su valentía de no sentir bloqueos. Me dispuse a caminar, por el centrosin mirar hacia abajo estilo Gisele BündchenEl crujir de la madera me erizaba entero y los roces de los viandantes. 

No  cómo caminaría pero creí oír a alguien decir "que pedazo de marica". Pero me dio muy igual, no sabían que uno de mis miedos más importantes estaba a punto de empezar a remitir, y si me veían mariposon es que caminaría de forma glamurosa.

 Al llegar a la roca di un salto enorme y grité: ¡Primera prueba pasada!

La primera de muchas, aunque poco a poco, que uno no está para muchas prisas. Pero tuve la sensación de que pasar el puente va a hacer que las demás pruebas vengan detrás, una a una.

El miedo es gratis y coges todo el que quieras, pero nunca el que necesitas.Todos los sentimientos son positivos, pero en su justa medida

El miedo te hace estar alerta, es de vital importancia. Pero acumularlos todos como yo lo hacía, me llevaba camino a ser un triste hombre gris que pospone realizar sus sueños y vivir su vida para más adelante. 

Sergio: dudo mucho que me estés leyendo, pero tu música me ablandó el corazón para que luego, tus palabras, me hicieran romperme para luego recomponerme. Si estas en Burdeos o en la misma playa donde te dejé, que siempre tengas felicidad en tu forma de caminar por la vida. 










martes, 10 de mayo de 2016

ALBERCA HILLS

Hace algún tiempo de mi fatídico golpe, pero  he recobrado mi consciencia y mi buen discernir. Soy consciente que la vida me avisaba de un cambio radical, de esos que raparte la cabeza al cero queda como una nimiez.

Todo  se materializó cuando de repente un amigo me ofreció su apartamento en alquiler. No dejé que mis miedos me invadieran, dije SI alto y claro.  Después tuve mil remordimientos, pero ya no podía echarme atrás. Vivir solo era ya una realidad. Contestar en los chats evidentes a la pregunta de si tenía sitio con una respuesta propia de un señor de cuarenta años que necesita intimidad.

Aunque las mil y una dudas me vinieron de golpe, me apetecía vivir en solitario. Tuve una experiencia pésima compartiendo, algún día relatare. Pero esta vez solo relatare cosas divertidas. Tanto como que no tenía ni idea de hacer nada de nada. Os pongo en antecedentes, servidor es anti amo de casa. Mi forma de cocinar consistía en abrir bolsa y mezcla bolsa. Pasar el plumero y fregar mi único contacto con la limpieza. La plancha era una continua batalla, ya que arrugo más que plancho, y la compra en el súper  solo la hacía si quedada con mi ex y amigos a pasar un fin de rural, que echo mucho de menos. Me ceñía a preparar menús de” Abre bolsa...” Y compraba las susodichas y manidas bolsas y alguna que otra delicatesen. Me pirra la comida excéntrica y los productos con  adjetivos sustantivos.

Mi primera compra fue un tanto peculiar, mi mente que es de rutinas rurales, empezó a  ver esnobismos como algas deshidratadas de la bahía de Sagami (Japón) junto con sal del Himalaya, chucrut de Bavaria y miso fermentado en 4 años junto más productos que no puedo enumerar. Prácticamente mi cesta se compuso de semejantes productos.

Ni acordarme de los limpia W.C., un colador, tomates, lejía o una pastilla de avecrem que es muy recurrida junto a la pasta.  Salí del supermercado con el convencimiento de que hacer las cosas correctas y bien hechas. Dicha sensación se disipo cuando empiezo a ver que me falta todo lo necesario y cotidiano eso si más mundano pero súper útil, nadie limpia la ducha con Quinoa de ecuador por ejemplo.  A veces me viene la cabeza una frase de mi gran madre: ¿De dónde te crees que vienes?

Pasada la primera semana rodeado de alimentos macrobióticas  y un ambientador propio de un club de intercambio de parejas (no fiaros del rasca y huele de las cajas) me doy cuenta que está muy bien el hecho de vivir solo en un precioso apartamento con tarima y una distribución ideal. No paran de suceder cosas, algunas las puedo contar otras no, las que no dan para muchos post.

Una cosa preciosa que me ha ocurrido es que de una forma casi divina, uno de mis mejores amigos se ha mudado a 10 minutos andando de  “mi” casa. Esta señal me ha hecho ver que cuando más necesitas a alguien, la vida te los pone. Tenerte cerca es uno de mis mayores regalos.

Me faltan hojas para describirlo ya que es mucho de todo, pero haré un símil, de esos que a él tanto le gustan. Llevo un día oyendo a Edith Piaf y creo que tengo una descripción ideal que tiene mucho que ver con él.

La música de Edith es total, Francia y su arte no se concibe sin su timbre tan especial. Su dicción puede resultar excesiva pero no se puede separar la genialidad y exceso en sus canciones. La música de la Sra. Piaf es una mezcla de saudade, alegría, final apoteósico, olor a rosas y savoire faire. Pues imaginaos esa descripción hecha persona, que mide 180 con algo y que habla más que un sacamuelas.

Lo más grande de él es la generosidad que tiene en todo, tanto como para ayudarte como para hundirte si quiere, pero siempre te  saca a relucir. Todo generoso.

Guardo muchos de sus consejos en un ventrículo, dicho ventrículo los bombea derecho a mi mente  para que les haga caso.

Una de sus principales virtudes es atesorar anécdotas, experiencias y contarlas con una pasión emocionante. Oírle contar vivencias es muy sorprendente ya que siempre le encuentras un matiz nuevo cada vez que las cuenta. Creo que en honor a él debo contar una.

Hace de esto algún tiempo. Mi querido amigo junto a otro igual de querido regentaban una floristería, de esas que poseen un encanto y trasmiten la sensación de que todo lo puedes resolver con plantas y flores.
 De sobra es conocido todo el abanico de eventos que cubre una floristería, vida y muerte se celebran con flores. Pues una corona majestuosa para una ciudadana ilustre de un pueblo cerca de donde tenían el negocio fue el encargo para un sepelio.

 Para hacernos una idea, la corona costaba 75.000 pts de las de antes. En ella se emplearon rosas de Bulgaria, hortensias holandesas, palmito traído del Getsemaní y demás flora con sustantivos desmesurados. Cuando acompañas de adjetivos pomposos, estos nombres suenan diferentes.

Estuvieron haciéndola todo un día, dos personas.

Llego el momento de entregarla y en dicho tanatorio tienen una costumbre peculiar. Cuando llegan los floristas bajan una persiana gris, colocan la corona o palma y luego cuando ya no están en la cámara suben la persiana. Dicho ritual suele crear una expectación propia del moulin Rouge.

Pues llegan mis queridos y empiezan el ritual, he decir que llegaban cansados de mas, y sobre las 22:00, hora punta en dichos eventos. Bajan la persiana y empiezan a oír un murmullo y la ansiedad por ver lo que iban a colocar crecía. Ellos decidieron alargar un ese momento, no sé si por tener un gesto hijoputesco o porque estaban dando los últimos toques a tan genial creación.

Llega el momento de subir la persiana pero mis amigos, que necesitan el aplauso, se esconden para ver y escuchar las caras de “su público”. El aplauso, para un florista, es tan necesario como pagar el IVA cada tres meses.

Al subir la persiana las bocas de todos los asistentes se abrieron al unísono. La exclamación fue generalizada. La corona era especialmente  maravillosa. Los familiares de la fallecida se miraban unos a otros con desconcierto, sorpresa y felicidad. Con tanto asombro hubo una frase que la nuera dice a la cuñada: ¿Esta corona es la que paga el ocaso?  Las nueras en dichos sepelios tiene el don de contabilizar quien va y quien no, quien hace más teatro y quien no, siempre con un toque de mala de telefilme.

Al oír dicha frase, mi amigo volvió a la realidad, estaba en el olimpo de la perfección floral. Esa cuestión hace que inmediatamente miren la orden escrita. Y las sospechas se materializan, la corona no era para esta mujer. De forma brusca bajan la persiana, no tuvo cabida el estilo Moulin Rouge. Para cuando la suben, la corona ya no está en la sala.

 La expresión, también generalizada, y ese gesto de “Aaaaaaaaahhh”, como de que ya parecía raro que semejante floripondio no encajaba con dicha mujer. Ella fue una mujer humilde, por lo que indagaron después, una señora que se había dedicado toda su vida a cuidar de su familia y vivir en uno de los barrios más humildes.

Ella tuvo, por un escaso momento, la mejor de las coronas a sus pies y todos sabemos que significa eso en el mundo del “village people”. Por unos minutos tuvo el privilegio de estar a junto a ella, rosas del quinto confín, hortensias de más allá de la Junquera y unas delicadas flores que las merecía tanto como la destinataria por derecho.

Todo en esta vida, malo o bueno, es por instantes, algunos duran minutos otros toda la vida. Disfrutar y recrearte es una opción, luego está la actitud de la nuera, que sería la que lo cuestiona todo, en vez de recrearse las dudas hacen que ese momento pase sin saborearse.

Hace más de 10 años que se abrió la persiana, pero blanca, para que la vida te colocara a mi lado, cerca de mí. Creo que no se han equivocado, hemos pasado muchas vivencias juntos. Nos merecemos ser amigos por ahora y mucho tiempo más.

No cuestiono el tiempo que paso a tu lado, simplemente lo disfruto.













viernes, 8 de abril de 2016

Fine on the outside.

Cuando crees que todo funciona de una forma correcta, que estas por la senda que crees que va a ser la definitiva, llegan los golpes, de efecto, que depara el destino. Son hostiones tremendos que dejan mareado y con la sensación de ver pajarillos y estrellas orbitando alrededor de tu cabeza.

Cuando intento buscar explicaciones a semejante mandoble, que -de forma unánime todo bicho viviente de mí alrededor intuía- me turbo y no puedo pensar. La claridad de mente ha desaparecido y  la pregunta de “¿por qué?”es lo único que tengo en la cabeza.

Ahora no hay marcha atrás. Me encuentro sentado aun. El dolor de piernas y la fascitis plantar me impiden caminar. Tengo la sensación de que el videoclip de karaoke de la canción de Ana Belén me ha engullido, “mi cuerpo tiembla y puedo ver….”

Voy a hacer de esta experiencia una historia propia de un episodio de un libro de autoayuda de esos que tanto me gustan. A lo mejor escribiendo me aclaro y aparece alguna explicación o solución a esto que estoy viviendo.

Erase que se era un camino por el que andaba yo de un tiempo largo hacia acá. No es que fuera un gran camino, pero lo había elegido y me sentía genial allí. De vez en cuando se vislumbraba un paisaje genial, pero cuando estaba recreándome, de la nada aparecía o un poste de luz o una señal de precaución. Pero mi mente hacia Photoshop de forma automática y hacía un barrido general para seguir viendo lo bonito que era todo. Es bastante hábil para hacer desaparecer lo que no me gusta y transformarlo en algo genial.

Sorprende que los baches eran bastantes hondos y aparecían de la nada, pero la comodidad de estar en un camino que lo hacía mío disipaba esos enormes hoyos. Era como caminar por la vereda que hay al lado de tu casa. Aunque me tropezaba muchas veces, siempre me levantaba riéndome, porque la caída era tonta, propia de no mirar por donde pasas. Me levantaba solo, apoyándome en mí y lo hacía de un salto.

 En cierto modo el camino me animaba a seguir, era como unos toques de atención los baches y las consecuentes caídas. Aunque relativamente hace poco que las señales de precaución se veían más repetidas y por casi todos lados. Pero la señal de “no pasar” no estaba. Miraba alrededor cuando aparecían todas juntas y os puedo jurar que la de prohibido el paso, no.

Tres meses hace desde que de repente, sin avisar, miro hacia atrás y veo que hay muchas maquinas en la lejanía arreglando el firme. Detrás de ellas se vislumbraba una persona caminar tranquilamente. Cuando miro hacia adelante el camino ya no existe y me caigo. Esta vez el socavón era una zanja que abarcaba todo. El golpe fue seco, tanto que me ha dejado sordo, en vez de pájaros son pelicanos y las estrellas son asteroides muy feos y negruzcos, los que dan vueltas  mi cabeza.

Dicho camino, que ha estado 8 años haciéndome ver que lo pedregoso era lo ideal, desaparecía de repente.
  Yo tengo parte de culpa de semejante golpe. La imaginación, con su Photoshop son  muy ideales para crear bolsos, por ejemplo, pero para hacer desaparecer la realidad y crear universos paralelos, pues como que no. Un camino con baches y postes de luz es un camino con hoyos y asquerosos palos de color caca, no  un paisaje propio de una ruta en el pirineo navarro, por poner un ejemplo

La sensación de estar andando por el sitio equivocado durante 8 años no para de bombardearme.

Últimamente sentido del humor tengo poco y solo me apetece poner nitroglicerina y hacer explotar el camino y a su viandante. Pero luego mi corazón, que está dolido, me dice que no detone nada, que me marche por la primera senda que encuentre y me dice muy bajito: “tiene que haber otro”. Tendrá que haber muchos y estoy seguro que los hay.

Mi pragmatismo está en batalla con mi corazón, una batalla que hace que vaya ralentizado en todo lo que hago y que necesite de ayuda para caminar día a día. No tengo suficientes renglones para agradecer todos los brazos que han aparecido, me cogen de las axilas para levantarme, para que no me quede sentado. Sé que tengo que caminar pero ahora no me apetece. Estar sentado mirando cómo se arregla el firme es lo que observo y me hace tener sentimientos encontrados. Estos sentimientos me hacen recordar que lo que debo hacer.

Levantarme es lo que debo hacer y caminar es la prioridad. Echar a caminar sintiéndome bien por fuera, que me sienta bien por dentro es cosa de tiempo.

Aunque esto se relata como un drama épico, esta historia es una historia común, que se repite constantemente en la vida. Pero el matiz cambia cuando uno la vive en sus propias carnes. Pero sigue siendo una historia de un desamor, como una canción de Billie Holiday o un bolero de los que canta Mi querida Mariella Köhn











domingo, 12 de julio de 2015

Eternity

Siempre me ha gustado contar historias, relatos que me ocurren o que me cuentan. Y a todas les otorgo mi toque, algo que seguro habéis notado después de muchos posts.

Recuerdo con mucho agrado el empezar de los cuentos que me relataban: «Hace mucho tiempo...» o «De esto hace ya muchos años...». Me quedaba petrificado nada mas oír esas palabras. Os tengo que confesar que de niño era hiperactivo. Lo único que me mantenía quieto eran los relatos de la gente y/o las historias extraordinarias que me contaban mi madre, mis padrinos, una vecina que se llamaba Teresa (apodada la Pinda), etcétera.

Pues hoy voy a empezar a contaros yo dos historias. No hace mucho tiempo que ocurrieron, pero poseen la magia y el poder de hechizaros, ya que el componente máximo es el amor. No veréis cursilería; veréis amor sin artificios y en mayúsculas. Antes de que digáis nada, lo digo yo: sí, me repito mucho con el tema «amor», pero ¿acaso no es el ingrediente perfecto para cualquier historia? El amor y el desamor son la base de cualquier relato, novela o ensayo.

Pues como decía, hace no mucho, en un tiempo parecido a este en el que vivimos...

Había una pareja de novios, amigos míos, que disfrutaban de una vida juntos en todos los aspectos: convivían y trabajaban juntos. Este binomio puede parecer explosivo, pero se compenetraban. Tenían sus roces, pero lo llevaban bien. He de aclarar que la imagen de tórtolos  acaramelados y rezumando miel no se asocia a esta pareja. Yo nunca he visto gestos de Love is in the air, pero sí he percibido un amor maduro, leal y precioso. Pues después de un tiempo, decidieron dar el «sí, quiero», desde un punto relajado, donde la convivencia y el respeto mutuo habían fraguado. Un sí propio de estar convencidos, porque habían pasado la fase de vivir juntos. ¿No os parece fabuloso? Mi crisis de los cuarenta, que ya empiezo a intuir, hace que me emocione cuando veo en gente que quiero lo que deseo para mí.

La boda se fijó para mayo. Mi regalo fue asesorarlos en su vestimenta y mi lujo fue asistir al evento con 13 kilos menos y vestido de Margiela. Todo pintaba ser fabuloso, pero tuve una noticia de última hora: mi tía querida había fallecido. A la boda tenía que asistir, porque quería y debía; pero antes de que acabase el ágape tenía que marchar a un pueblo turolense, ya que en su entierro yo tenía que estar presente. La vida tiene estos quiebros.

Una virtud que tengo es intentar vivir el ahora.  Y por mucho pesar que tuviera, debía estar en la boda.

La celebración fue un deleite, precioso todo. Ellos fueron los mejores vestidos con diferencia, ya que me encargué yo. Hubo muchas fotos, muchos momentos grabados en mi retina, pero uno en especial: un abrazo entre Carmen, la novia, y me querida Victoria, a quien le dio un ramo precioso como agradecimiento. La ternura y el amor fraternal eran tan palpables como mi envidia de no poder tener un ramo igual. Hay una cosa que no perdono a la Iglesia de ahora ni de atrás, no poder casarme con un rito igual. Adoro la entrada, la música y los tiempos de la celebración católica. Esta afirmación va a hacer que os riáis mucho de mí y que me invitéis a dimitir de algún cargo, por poner un ejemplo.

Antes de que llegara la tarta, tuve que ausentarme para irme a Teruel. También me vino bien. Sigo a dieta, y ver una tarta hecha de milhojas de crema casera hubiera sido una terrible prueba. La sensación que tuve nada mas salir de Orihuela fue muy rara, acababa de celebrar una unión y me disponía a vivir una despedida.

Llegué de madrugada al pueblo, hacía calor, era inusual. Dejé el coche aparcado delante de una casa-cuadra que amenazaba ruinas, la puerta era doble. Pero no estaba para observar mucho, ya que la melancolía y la alegría se mezclaban dentro de mí, un sentimiento raro que me produjo mucho sueño.

Las veces que había ido a casa de mi tía habían sido para hacer retiros y excursiones y rutas. Me encantaba cuando llegaba el aire fresco y el intenso olor a hierba me rozaba la cara. La visita de hoy era extraña y el aire también lo parecía.

A las seis de la mañana me despiertan unos golpes fuertes junto a un ruido atronador y gritos. Cuando me despejo, cuál es mi sorpresa al ver un tractor delante de mi ventana con un remolque cargado de semillas y pienso. Detrás de una puerta vieja, había 400 gallinas que comían, bueno, devoraban un remolque de grano casi a diario. Estas cosas del campo profundo no las entenderé nunca: las dichosas gallináceas tenían que comer un domingo a las seis de la mañana.

Pasado el soponcio, me dispuse a visitar a mi tía. Pero antes sentí la necesidad de dar un paseo por el pequeño pueblo, ver la fuente donde todos bebíamos nada más llegar, el lavadero municipal y la «piedra Movistar», que data de finales de los 90 y decían que si te subías encima de ella, tenías cobertura en el móvil.

Después de reírme de lo tontos que éramos, me dispuse a visitar la iglesia, que albergaba los restos de mi tía, y así esperar a que se celebrarse su sepelio.

El funeral fue una de las ceremonias más hermosas que he vivido, todos los que asistimos llegamos a esa conclusión. Parte del sermón lo ofició mi tío. Quiso señalar que el día era gozoso; emotivo, pero gozoso. Nos contó anécdotas de mi tía desde que se conocieron hasta que la vida se le apagó. Tuvieron la valentía de marcharse a probar suerte a Barcelona con una mano delante y otra detrás. Estuvieron más de 50 años juntos. En una de sus últimas conversaciones, Juanita le dijo: «Después de todo, hemos salido para adelante». Así habla una mujer que nunca perdió la fe en la vida.

El cementerio del pueblo no es más que un trozo de tierra sin cultivar y a todos los entierran en fosas, cavadas por la familia o por algún vecino agradecido. Ver el féretro de Juanita introduciéndose en el hoyo hizo que me sobrecogiera. Cuando fue depositada, mi tío empezó a echar tierra con la pala, seguido de sus hijos y después de sus nietos.

«Juanita, la tierra que te ha dado la vida te da sepultura». Dicha frase la dijo junto con la primera pala de tierra. Seguidamente, todos entonamos la canción Adiós con el corazón (que con el alma no puedo). Su alma salió de su cuerpo para estar en otra dimensión, pero necesito más madurez y más crecimiento personal para no sentir melancolía y pena.

Mientras cantábamos la canción, recordé un consejo que me dio hace mucho tiempo: «Mira, Antoñico, tu tía te quiere y te conoce desde que naciste, y solo te digo una cosa: intenta siempre estar acompañado, el ser humano no es para estar solo». Creo que esta frase que me dijo la define como es. Como es ella. Y desde aquí te digo que no estoy solo, tengo mucha gente a la que quiero y que me quiere (creo yo).

Intento recodar ese fin de semana para no olvidarme de ningún detalle. Fui un privilegiado al poder asistir a dos ceremonias donde el amor verdadero estaba presente. El sábado por la mañana pude emocionarme viendo a Carmen e Isidro con el «hasta que la muerte os separe» impecablemente vestidos, esto lo recalco. Y el domingo a mediodía, un «la muerte no es el fin», dicho por mi tío, con la azada en la mano y terminando de plantar unas margaritas en la tumba de Juanita.

Como colofón de tan emocionante fin de semana, a la altura de Albacete recibí un SMS, una forma vintage de comunicarse, de una señorita con una piel de cine. Me preguntaba si quería trabajar en una óptica en la Gran Vía de Murcia.  Os podéis imaginar dónde estoy ahora.

De un tiempo a esta parte, estoy escuchando la canción Crazy for you de Madonna, pues cada vez que la oigo me imagino cantándola a modo karaoke o en una boda estilo Carmen e Isidro o mirando a X (está por llegar) después de mucho tiempo juntos, con los ojos llenos de arrugas y regusto a Algasiv.

Creo que la fórmula de un amor verdadero, el que no se acaba, es estar un poco loco, Crazy for you.





martes, 10 de marzo de 2015

Dignidad



¿Conocéis la serie Revenge? Me tiene fascinado. Es un culebrón ambientado en The Hamptons, lugar donde me gustaría retirarme una larga temporada. La protagonista es una buena perversa y su enemiga es una mala malísima con remordimientos. Las dos tienen mucho estilo y visten haute couture nada más levantarse. Son memorables sus encontronazos dialecticos. Hay mucho mas pero creo que deberiais comprobarlo por vosotros mismos. No soy fan del Spoiler.

 Los personajes principales femeninos, de dicha serie,  son mi debilidad, son auténticas, les toca un pie los daños colaterales, mienten de una forma escandalosa y, lo más raro, casi nunca las pillan. Raras veces los embustes les estallan en la cara; pero si ello ocurre, las dos ponen cara de dignas, se colocan en modo ataque y sueltan una frase hiriente, sin insultos, pero cargada de mala uva y dilapidadora, para luego levantarse de una forma elegantísima y salir contoneandose. Eso hace que me ponga a aplaudir del tal forma que me suelo hacer daño en las palmas.

Como diría un amigo hermoso: son malas de titular. Esta definición me apasiona.

El altísimo tuvo un plan para mí: la verdad; te cueste lo que te cueste. Si miento, me pillan. Así de claro. No puedo ni siquiera mantener el embuste, me pongo rojo, no puedo mirar a los ojos. Y luego está el sudor en las manos. Eso me espanta: desperdiciar mi fabulosa hand cream de L’Occitane. De vez en cuando, en mi vida se han dado situaciones en las que o he mentido un poquitín o he metido la pata y cuando me descubren, a mi mente le gustaría ser un poco Grayson y malo de titular, ya que imaginación no me falta. Pero mi corazón me impide hacerlo, pido perdón y enmiendo lo dicho erróneamente.

He experimentado dos vivencias, por decir un múmero,en las que creo que me hubiera comportado un poco a lo Victoria Grayson, no hubiera pasado nada. De hecho, me hubiera reído mucho después. Dichas situaciones las tengo muy presentes en mi retina. Os la voy a relatar y vosotros me diréis vuestra opinión.

Hace tres años me volvía loco dejar de un trabajo que me mataba y me ahogaba de una forma brutal. Necesitaba cambiar de trabajo sí o sí. La sensación de que el aire apenas entraba en mis pulmones se instalaba cuando entraba a trabajar. Infojobs era mi ventana hacia mi cambio, solía consultarlo mil veces. Entonces un día, sin esperarlo, me llamaron de una tienda de lámparas para hacer una entrevista. Era una de las mil ofertas en las que había depositado mi curriculum. Antes de citarme, me preguntaron qué nivel de inglés tenía y, sin pestañear, les contesté que medio y mi nivel era nulo. Mentí porque pensaba que cuando vieran mis dotes de venta, el inglés quedaría en un segundo plano. Soy muy buen comercial y no es altanería.

Cuando llegué a la entrevista me quedé ojiplático. La nave estaba llena de lámparas feas, espantosas y, también, de trabajadores vestidos como camareros. Al entrar me guiaron, pasando por al lado de una lámpara de dimensiones triásicas. ¿Querrían intimidarme?

Mi interlocutor era un hombre bajito que me causaba risa e iba vestido como un dependiente de un gran almacén en liquidación por cierre.

Nada más presentarnos me dijo que la entrevista la haríamos en inglés para comprobar mi nivel. Mi preciosa hand cream desapareció en segundos, gracias al desproporcionado sudor que apareció de repente. Mis ojos se abrieron de una forma tan sobresaliente que parecían inducidos por alguna sustancia colombiana. Solo pude articular una frase: «me he bloqueado».

Ahí es cuando Victoria Grayson tendría que haberme poseído para levantarme en escorzo, mirarle a los ojos y decirle: «¿no te parece pretencioso pedirme que hable en inglés para vender estas lámparas propias de un burdel de extrarradio?». Y luego salir contoneándome con pluma; no sé por qué, pero salir así da más caché.

Pero como os he dicho, me quedé bloqueado, no pude hablar más. Me levanté con la cabeza gacha y me fui por donde había venido. Esa fue la realidad y maldecí la mentira que le eché.

Seguimos con el universo entrevistas de trabajo. Esta fue hace siete años y os recuerdo que hace siete años yo era delgado y muy arrogante. Ese tipo de arrogancia que da el pesar 70 kilos y que todo, todo te quede bien. También estaba en paro, muy poco tiempo por cierto. Estar en paro es una situación dramática y si le sumas mi hiperactividad pues es trágico.

Pues a lo que iba, mi vida era un no parar de echar curriculums y tocar puertas. Un dia me llamaron para hacer una entrevista de trabajo para una joyería de un centro comercial. Accedí encantado. Me encanta el mundo complementos y el poderío de las joyas, como buen vegabajero

La entrevista iba genial, ya que controlaba mucho todos los puntos, la buena química era palpable, estuvimos hablando de tendencias, corrientes y demás temas relacionados con el mundo orfebre. Me dijo que si era el seleccionado, tendría que ir a Barcelona a gastos pagados para formarme. Vamos, que estaba cantando, ese puesto era mío. Cada vez que sacaba algún tema, le contestaba de una forma correcta y apropiada, ya que mi interlocutor se sentía a gusto y yo lo notaba.

 Antes de terminar me preguntó qué artículos me veía vendiendo en la joyería. Pregunta trampa. Yo le dije que todo; todo menos los anillos con la cara de indio y la cabeza de caballo, ya que me parecían muy de polígono de las afueras de ciudad de segunda. Dicha frase le cambió el rostro, pero no la sonrisa. Raro, ¿verdad? Me dijo que esos son los productos estrella y los más vendidos, y acabó diciendo: « ¡Benditos polígonos de las afueras de ciudad de segunda!».

Victoria Grayson, en esa situación, me hubiera dicho que me quitara las gafas de vista, con cierto aire elegante, para decirle: «querido, le agradezco francamente que me haya dado ese dato. Creo que nuestra relación laboral habría sido nefasta. Detesto su producto de una forma bárbara!». Y una vez dicho esto, me hubiera colocado las gafas al estilo mala de Hollywood.

Pero no ocurrió así, ya que me puse rojo como un tomate y sentí que la humildad me daba un bofetón con ruido.

Ser malo de titular mola; mola mucho. Pero a los que tenemos la vocecita gritona en el interior nos cuesta, esa vocecita llega a ser bastante gritona. Pero al hacerle caso la tranquilidad se apodera de ti. Nuestra conciencia aparte de decirme que nanay de mentiras me dice que no sea altivo ni soberbio ya que la soberbia no llena tu cuenta bancaria, por poner un ejemplo.

Pero como os decía, al principio no puedo mentir porque me pillan. Aunque me vea en la necesidad de rectificar una frase, no puedo mentir porque no me siento bien.

Me doy cuenta de que vivimos en una sociedad donde se miente muchísimo de una forma piadosa en primera persona, pero no soportamos la mentira del oponente. Para decirlo más claro, mentimos pero no soportamos que nos mientan, esto me gusta recalcarlo. También digo que la sinceridad a costa de todo tampoco. Recuerdo una vez que a una amiga me pidió consejo sobre cómo le quedaba cierto vestido, mi respuesta fue: “Ideal, ahora pierde 4 kilos que te quedara mejor”. Esa amiga no me habla ni me mira a la cara desde entonces.

Después de escribir esto podría resumir todo en una frase: Haz lo que te gustaría que te hicieran a ti. Si piensas mentir, mira si te gusta que te mientan. Si vas a humillar a alguien pregúntate si te gustaría ser humillado. Y así podría estar toda una semana, pero creo seguire viendo Revenge. Porque no me veo delante de la tele viendo a la princesa Sofía o 13tv, por mucho que me gusten los valores humanos y religiosos.